En 1992, la Academia Estadounidense de Pediatría (American Academy of Padiatrics) emitió su declaración referente al uso de la leche entera de vaca durante la infancia. Los descubrimientos se publicaron en la revista "Pediatrics", volumen 89, número 6 en junio de 1992. Allí se estableció claramente que la Academia recomendaba no utilizar leche entera de vaca ni fórmulas bajas en hierro durante el primer año de vida. Los bebés alimentados con leche entera de vaca reciben cantidades inadecuadas de vitamina E, hierro, ácidos grasos esenciales y cantidades excesivas de proteína, sodio y potasio. Estos niveles podrían ser demasiado altos para que el organismo del bebé los controle. Además, las proteínas y grasas de la leche entera de vaca son más difíciles de digerir y asimilar por parte del bebé. Los efectos más especiales se dan sobre los niveles de hierro en el organismo, ya que los bebés alimentados con leche materna o fórmula enriquecida con hierro tienen niveles normales de este elemento. Estudios recientes demuestran que los niveles de hierro frecuentemente se reducen en los bebés que comienzan a tomar leche de vaca a los 6 meses de edad. La nutrición óptima en un niño implica seleccionar la fuente láctea adecuada y, con el tiempo, iniciar al niño con alimentos sólidos. Para alcanzar este objetivo, la Academia Estadounidense de Pediatría recomienda que los niños sean alimentados con leche materna o con fórmula enriquecida con hierro durante el primer año de vida y, paulatinamente, se pueden ir agregando alimentos sólidos adecuados entre los cuatro y seis meses de edad. La alimentación con leche materna o fórmula enriquecida con hierro, junto con alimentos sólidos y jugos adecuados para la edad, durante el primer año de vida, brindan una nutrición más balanceada.
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