La extirpación de la vesícula (colecistectomía) se realiza con el paciente bajo anestesia general. Dicho procedimiento puede hacerse a través de una incisión abdominal (colecistectomía abierta) o por medio de varias incisiones pequeñas (colecistectomía laparoscópica) utilizando un endoscopio especial (laparoscopio) el cual es realmente una pequeña cámara de video.
La colecistectomía abierta se recomienda para casos muy complejos o complicados. Para este procedimiento, se hace una pequeña incisión justo debajo de la caja torácica, en el lado derecho del abdomen. Se aparta el hígado para exponer la vesícula biliar. Los vasos y conductos (arteria y conducto císticos) que entran y salen de la vesícula se cortan y suturan; luego se extirpa la vesícula y se cierra la incisión. Se examina el conducto biliar común, el cual se encarga de drenar el jugo digestivo (bilis) del hígado al intestino delgado (duodeno), para detectar obstrucciones o cálculos. Por lo general, durante varios días se deja colocada una pequeña sonda plana para permitir el drenaje de líquidos al exterior en caso de que ocurra inflamación o infección. En la cirugía laparoscópica, se infla el abdomen con dióxido de carbono para brindar más espacio para el procedimiento y, a través de una pequeña incisión en el ombligo, se inserta un laparoscopio en el abdomen. Se hacen tres orificios adicionales para permitir la entrada de instrumentos quirúrgicos, se ubica la vesícula biliar y se cortan y suturan la arteria y el conducto císticos. Luego se extirpa la vesícula y se cierra la incisión. La cirugía laparoscópica tiene una tasa de complicaciones más baja, requiere un menor tiempo de estadía en el hospital y ofrece resultados estéticos mejores que el procedimiento abierto. Sin embargo, en algunos casos, la complejidad de la situación requiere el uso de la cirugía abierta.
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