A los pacientes se los mantiene bajo observación en la unidad de cuidados intensivos durante la primera noche para vigilar la aparición de síntomas de sangrado, apoplejía o compromiso del flujo sanguíneo cerebral. Recientemente, se ha optado por la tendencia de dejar ir el paciente para su casa el mismo día, en caso de que la operación se haya realizado temprano y el paciente esté evolucionando bien. La presión sanguínea errática que requiere vigilancia en una unidad de cuidados intensivos y que es relativamente común, tiende a mejorar en 24 horas y no debe ser motivo de preocupación. La recuperación es rápida en los casos no complicados y a los pacientes generalmente se les da de alta el mismo día después de la cirugía.
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