Mientras el paciente se encuentra libre de dolor bajo el efecto de anestesia general o local, se hace una incisión sobre el hueso fracturado, el cual se coloca luego en la posición adecuada y se fija con tornillos, clavos o placas de forma temporal o permanente. Por otro lado, los huesos largos se pueden fijar con clavos colocados en la cavidad del hueso. Todos los vasos sanguíneos rotos se ligan o se cauterizan. Si el examen de la fractura muestra que se ha perdido hueso como resultado de dicha fractura, especialmente si hay un espacio entre los extremos del hueso roto, el cirujano puede decidir sobre la necesidad de un injerto de hueso para evitar el retraso del proceso de consolidación. Estos injertos óseos se pueden llevar a cabo utilizando el hueso del mismo paciente, usualmente tomado de la cadera, o utilizar hueso de un donante. Si no es necesario el injerto óseo, la fractura se puede reparar por medio de los siguientes métodos: - Inserción de uno o más tornillos a través de la ruptura para sostener el hueso.
- Una placa de acero sostenida por tornillos clavados en el hueso.
- Un alambre metálico largo con orificios (denominado en ocasiones clavo o barra), el cual se introduce a través de la médula ósea desde un extremo; luego se pasan tornillos a través del hueso y de un orificio en dicho clavo.
Después de lograr la estabilización, en algunos casos es necesaria la reparación microquirúrgica de los vasos sanguíneos y nervios y posteriormente se cierra la incisión en la piel. Si el hueso fracturado rompió la piel, debe lavarse con líquido estéril en el quirófano como un procedimiento de emergencia para prevenir la infección. Es posible que sea necesario repetir la limpeza de la herida, en caso de resultar infectada.
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