La torsión testicular es un problema que por lo general se presenta en los niños pequeños, a principios de la pubertad o justo después del nacimiento, aunque se puede presentar a cualquier edad. La torsión sucede cuando el testículo gira o rota sobre el eje de los vasos que proveen irrigación sanguínea, lo que bloquea el flujo de sangre hacia el testículo. En caso de prolongarse, dicha torsión causa necrosis del tejido testicular, provocando dolor, inflamación y posible daño al testículo. La incidencia aproximada es de 1 en 4.000 varones que resultan afectados. Usualmente bajo anestesia general, se hace una incisión en el escroto, se desenrolla el testículo y se colocan suturas para asegurar el testículo y evitar que gire de nuevo. El testículo que no se encuentra afectado igualmente se asegura por medio de una sutura, ya que el lado no afectado está en mayor riesgo de presentar una torsión posteriormente.
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