El trasplante de riñón ocupa el segundo lugar, después del trasplante de córnea, en el número de trasplantes realizados en los Estados Unidos (superan los 9.000 casos por año) y es una operación más fácil que la mayoría de los otros trasplantes de órganos importantes. El paciente puede tratarse con diálisis (filtrar la sangre y remover líquidos y productos de desecho) hasta cuando se pueda encontrar un donante de riñón. El riñón sano se obtiene de un donante vivo (generalmente un familiar sanguíneo o de un donante que no es consanguíneo, como el cónyuge) o de un donante que haya muerto recientemente, pero que no haya sufrido lesión en el riñón. El transporte del riñón saludable se hace en una solución salina refrigerada que preserva el órgano hasta por 48 horas, permitiendo que se hagan los análisis necesarios para determinar la compatibilidad de la sangre y el tejido del donante y el receptor (esta prueba, en algunos casos, se hace antes de la operación). Donante vivo (quien dona el riñón):
Mientras el paciente está profundamente dormido y sin dolor, bajo anestesia general, se hace una incisión a un lado del abdomen (flanco), se extrae el riñón y se cierra la incisión. Receptor del riñón (quien recibe el riñón):
Mientras el paciente está profundamente dormido y sin dolor, bajo anestesia general, se hace una incisión en la parte inferior del abdomen, se sutura el nuevo riñón en su sitio dentro de la pelvis y luego se cierra la incisión.
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