Mientras el paciente está profundamente dormido y sin dolor, bajo anestesia general, el otorrinolaringólogo le inserta un pequeño instrumento en la boca para mantenerla abierta. El tejido adenoide se puede retirar con una cureta o un microdebridador y algunos cirujanos pueden optar por cauterizar las adenoides, en lugar de extirpar el tejido. El sangrado se controla con apósitos y cauterización. Después de la cirugía, el paciente permanece en la sala de recuperación hasta que despierta y es capaz de respirar sin dificultad, toser y deglutir. A la mayoría de los pacientes se les permite volver al hogar algunas horas más tarde.
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