Se debe beber mucho líquido, más de lo usual, como agua, jugo de frutas, té y bebidas carbonatadas. Se recomienda el reposo en la medida de lo posible y aumentar la humedad del aire con un vaporizador o un humidificador. Los medicamentos no pueden curar la gripe ni el resfriado común; sin embargo, los medicamentos de venta libre como el acetaminofén, los descongestionantes, las gotas o aerosoles nasales, los medicamentos para la tos (combinaciones orales para la tos y el resfriado común) y las pastillas para la garganta pueden proporcionar cierto alivio. Además, recientemente se han aprobado algunos medicamentos que pueden acortar la duración de los resfriados y la gripe si se suministran poco después de la aparición de los síntomas. Cuando la congestión nasal es secundaria a la fiebre del heno se debe evitar, en la medida de lo posible, la exposición a los alergenos (como las mascotas, alimentos que causan reacciones alérgicas y el polvo). Los antihistamínicos y los descongestionantes pueden aliviar bastante los síntomas de la fiebre del heno, pero no la curan. Es posible suministrar los antihistamínicos continuamente durante la polinización con el fin de lograr un control óptimo de los síntomas. En el caso de un bebé muy pequeño que no es capaz de sonarse la nariz, se puede utilizar un aspirador nasal. Si el moco es espeso y pegajoso, se puede aflojar aplicando 2 ó 3 gotas de solución salina (que consiste en media cucharadita de sal por cada taza de agua tibia) en cada fosa nasal. En caso de que el aire en la casa sea seco, se debe usar un humidificador. No se deben introducir aplicadores de algodón en las fosas nasales de un niño. En vez de esto, se debe atrapar la secreción en la parte exterior de la fosa nasal en un pañuelo desechable o con un aplicador, luego enrollarlo y halar la secreción fuera de la nariz. La aplicación de petrolato en las aberturas nasales (asegurándose de no bloquearlas) es útil para proteger contra la irritación.
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