Las menstruaciones dolorosas afectan aproximadamente al 40% de todas las mujeres menstruantes y un 10% quedan incapacitadas hasta por 3 días. Este problema es la causa principal para que las mujeres fértiles se ausenten de sus actividades académicas y laborales. Este dolor se puede presentar unos días antes de la menstruación o durante ella y, usualmente, desaparece a medida que el sangrado disminuye. Es normal que durante el ciclo menstrual se presente un dolor moderado, pero no excesivo. La dismenorrea hace referencia a un dolor menstrual tan severo que pueda limitar las actividades normales y requerir medicamentos. Existen dos tipos generales de dismenorrea: - Dismenorrea primaria: es el dolor menstrual que se presenta en mujeres que son por lo general sanas. Este tipo de dolor no está relacionado con ningún problema específico en el útero u otros órganos pélvicos.
- Dismenorrea secundaria: es el dolor menstrual atribuido a algún proceso patológico subyacente o a una anomalía estructural bien sea dentro o fuera del útero (por ejemplo, enfermedad pélvica inflamatoria, fibromas, endometriosis, adherencias o desplazamiento uterino). La endometriosis es la causa más común de dismenorrea secundaria y con frecuencia, se diagnostica equivocadamente como dismenorrea primaria.
Se cree que la actividad de la prostaglandina es uno de los factores causales del dolor, ya que se ha descubierto que los niveles de esta hormona en las mujeres con dismenorrea son más altos que en las mujeres que experimentan un dolor menstrual leve o no lo presentan. La presencia de un DIU (dispositivo intrauterino) como anticonceptivo puede ser una causa potencial de dolor menstrual, aunque estos dispositivos generalmente llevan a que se presente dolor pélvico sólo en el tiempo en que son insertados. En algunas mujeres se encuentra que el uso de tampones activa los cólicos y dolores menstruales. El sufrimiento sicológico, a menudo acompañado de dolor físico y distensión, se conoce comúnmente como síndrome premenstrual (PMS) y entre sus síntomas se pueden mencionar el estrés, la ansiedad, la depresión, la irritabilidad, los cambios en el estado de ánimo y episodios de llanto. Cuando estos síntomas son tan severos que interfieren con el trabajo o las relaciones personales, la condición se conoce como trastorno disfórico premenstrual (TDPM) y para su tratamiento pueden ser útiles los medicamentos antidepresivos. La incidencia del dolor menstrual es mayor en las mujeres al finalizar la adolescencia y mujeres entre los 20 y 30 años, luego disminuye con el tiempo. Esta condición no parece estar afectada por el hecho de tener hijos. Se estima que del 10 al 15% de las mujeres experimentan cada mes dolores menstruales lo suficientemente severos como para interferir con su desempeño normal en las actividades diarias académicas, hogareñas y laborales. La mayoría de las mujeres experimentarán este grado de incapacidad por lo menos una vez durante sus años fértiles. El alto riesgo de dismenorrea está asociado con la juventud, los compañeros sexuales múltiples y con los antecedentes médicos de cualquiera de las condiciones asociadas con la dismenorrea secundaria.
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