En la población general, la mayoría de los casos de atrofia muscular son ocasionados por inactividad. Las personas que tienen un trabajo sedentario y las de la tercera edad que no son muy activas pueden llegar a perder el tono muscular y desarrollar una atrofia significativa; sin embargo, este tipo de atrofia puede ser reversible con el ejercicio vigoroso. Las personas que están postradas en la cama pueden presentan un desgaste muscular significativo; igual como ocurre con los astronautas que, libres de la fuerza gravitacional de la tierra, pueden desarrollar una disminución del tono muscular y descalcificación ósea pocos días después de la ingravidez. La atrofia muscular ocasionada por una enfermedad y no por inactividad es generalmente de uno o dos tipos: la ocasionada por daño a los nervios que inervan los músculos y la que resulta por enfermedades propiamente musculares. Algunos ejemplos de enfermedades que afectan los nervios que controlan los músculos son: la poliomielitis, la esclerosis lateral amiotrófica (ELA o enfermedad de Lou Gehrig) y el síndrome de Guillain-Barre. Entre las enfermedades que afectan principalmente al músculo están la distrofia muscular, la miotonía congénita y la distrofia miotónica, al igual que otras miopatías metabólicas, inflamatorias o congénitas. Incluso, las atrofias musculares menores ocasionan usualmente un cierto nivel de pérdida de movilidad o de fuerza.
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