La melanina es un pigmento producido en las células de la piel y que le dan su coloración. La tirosina, un aminoácido, se convierte en melanina mediante una serie de procesos químicos complejos en las células de la piel; proceso que puede verse afectado por factores hereditarios, calor, trauma, irradiación solar o ionizante, metales pesados y otros factores. La producción y distribución de pigmento en el cuerpo está regulado, en parte, por las hormonas. Los cambios en cualquiera de estos factores pueden producir hiperpigmentación (aumento en la producción de pigmento), hipopigmentación (reducción en la producción de pigmento) o ambos. Estos cambios pueden ser temporales o permanentes y también primarios (que existen como un trastorno separado) o secundarios a otros trastornos. Hasta cierto punto, el grado de pigmentación de la piel determina la variedad de enfermedades dermatológicas a las cuales se puede ser susceptible. Las personas de piel más clara son más sensibles a la exposición al sol, al daño y al desarrollo subsecuente de cáncer de piel (carcinoma de células basales, carcinoma escamocelular y melanoma maligno); aunque dicha exposición al sol también puede ser un factor de riesgo aun para las personas de piel más oscura. Los cambios pigmentarios son generalmente cosméticos y no afectan la salud física, aunque si pueden ocasionar estrés sicológico. Algunos cambios en la pigmentación pueden ser indicio de riesgo para el desarrollo de otros trastornos.
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