El médico deberá reducir la intensidad de la luz en el lugar donde se realiza el examen. Cuando se trate de un niño pequeño, se le pedirá acostarse boca arriba con la cabeza volteada hacia un lado, o también lo puede sostener un adulto, haciendo que la cabeza del niño descanse sobre el pecho del adulto. Los niños mayores y los adultos se pueden sentar con la cabeza inclinada hacia el hombro opuesto al oído que se va a examinar. La mano que sostiene el otoscopio debe apoyarse firmemente sobre el costado de la cabeza. Con la otra mano se toma el pabellón de la oreja y se hala suavemente hacia arriba, hacia atrás o hacia delante para alinear el canal auditivo y poder obtener una mejor visión del mismo. Se inserta lentamente un espéculo de oído (una pieza de visualización del otoscopio en forma de cono) en el canal auditivo mientras se mira a través del otoscopio. Se angula ligeramente el espéculo hacia la nariz de la persona para seguir el trayecto del canal, pero no se inserta profundamente. El haz de luz brilla dentro del canal auditivo. El otoscopio se mueve suavemente hacia diferentes ángulos para observar las paredes del canal auditivo y el tímpano. Es posible que la presencia de cera en el oído bloquee la visibilidad.
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