La hemoglobina es la sustancia en los glóbulos rojos que trasporta el oxígeno y el dióxido de carbono entre los pulmones y los tejidos del cuerpo. Si se introducen ciertos químicos o medicamentos al torrente sanguíneo, estos pueden alterar la hemoglobina, de tal forma que ya no pueda funcionar como medio de trasporte. Las mediciones de estos derivados anormales de la hemoglobina pueden ayudar en el diagnóstico y en el control de la exposición a estos agentes. La carboxihemoglobina es la hemoglobina ligada al monóxido de carbono y no al oxígeno ni al dióxido de carbono. El monóxido de carbono tiene una afinidad mucho más alta para la hemoglobina que la que tiene el oxígeno (210 veces mayor) y las cantidades excesivas de carboxihemoglobina en la sangre perturban el trasporte normal de oxígeno por intermedio de la sangre. La sulfahemoglobina resulta de la unión de la hemoglobina con medicamentos como la fenacetina o las sulfonamidas. Esta forma resultante de hemoglobina es incapaz de trasportar oxígeno y no tiene tratamiento. La única solución es esperar hasta que los glóbulos rojos sanguíneos afectados sean destruidos como parte de su ciclo normal de vida. La metahemoglobina se presenta cuando el hierro que forma parte de la hemoglobina se altera al punto de perder su capacidad de trasportar oxígeno de una manera adecuada. Este problema puede ser ocasionado por la introducción de ciertos compuestos al torrente sanguíneo como: - Sulfonamidas
- Cloratos
- Nitratos
- Nitritos
- Anilina
- Fenacetina
Este trastorno también tiene una forma congénita ocasionada por la deficiencia de NADH citocromo b5 reductasa y otra ocasionada por la enfermedad de la hemoglobina M.
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