Se pasa un tubo a través de la nariz o la boca hasta el estómago y luego se devuelve al esófago. Dicho tubo está fijado a un monitor que mide el nivel de acidez en el esófago. El paciente lleva el monitor adherido a una banda y se le pide que registre diariamente los síntomas y la actividad durante las próximas 24 horas. Debe regresar al día siguiente para retirar el tubo y se compara la información registrada por el monitor con la suministrada por el paciente. Es muy probable que los bebés y niños pequeños deban permanecer en el hospital para realizar el monitoreo del pH esofágico.
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