Se le solicita a la persona que orine y se registra el tiempo que requiere para empezar a orinar, el tamaño, la fuerza y la continuidad del chorro urinario. Asimismo, se mide la cantidad total de orina, el tiempo que toma la micción, al igual que el esfuerzo realizado, la vacilación y el goteo. A continuación, el médico le pide a la persona que se recueste en una camilla y le introduce suavemente un catéter (sonda delgada y flexible) en la vejiga, con el fin de medir y registrar el residuo de orina que queda dentro de ella. Luego, se colocan un catéter en el recto y electrodos de medición en el perineo (área cerca al recto). Posteriormente, se evalúa la sensibilidad térmica, introduciendo una solución salina a temperatura ambiente dentro de la vejiga, seguida de agua tibia. La persona debe entonces informarle al médico acerca del tipo de sensaciones que experimenta, en caso presentarse alguna. A continuación, se drena el agua de la vejiga y se conecta un cistómetro (sonda utilizada para registrar la presión intravesical) al catéter, por medio del cual se introduce agua o gas carbónico lentamente en la vejiga a una velocidad controlada. Es preciso que en el momento en que se siente la necesidad de orinar, la persona le avise al médico con el propósito de registrar la presión y el volumen. Cuando la vejiga esté llena, la persona debe realizar una micción para registrar nuevamente la presión. Finalmente, el médico drena nuevamente la vejiga de cualquier residuo urinario y retira el catéter.
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