El hecho de minimizar el contacto con personas que padecen SARS reduce el riesgo de contraer dicha enfermedad. Esto podría incluir la reducción de los viajes a lugares en donde se presente un brote incontrolable de esta condición y, en lo posible, se debe evitar el contacto directo con personas que padezcan la enfermedad hasta por 10 días después de que la fiebre y otros síntomas hayan desaparecido. Los Centros para el Control y Prevención de las Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) han identificado la higiene de las manos como la piedra angular en la prevención del SARS, lo cual podría incluir el lavado de las manos o la limpieza de éstas con un desinfectante instantáneo para manos a base de alcohol. A las personas se les debe enseñar a cubrirse la boca y la nariz al estornudar o toser. Las secreciones respiratorias se deben considerar infecciosas, lo cual significa que no se deben compartir alimentos, bebidas ni utensilios. Las superficies que se tocan frecuentemente se pueden limpiar con un desinfectante aprobado por la EPA. En algunas situaciones, puede servir el uso de máscaras y gafas protectoras para prevenir la diseminación a través del aire o de gotitas. Igualmente, se podrían utilizar guantes para manipular secreciones potencialmente infecciosas.
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